top of page

Soy una mamá bendecida: Cristine Sugeil Heredia Pérez

Actualizado: hace 4 días


Nota: Soy una mamá bendecida es una sección de Mamá Educa, que originalmente comenzó en el blog. Sin embargo, al hacer la migración a un proveedor de alojamiento anterior, las publicaciones no fueron incluidas. Esta sección sí fue incluida en todas las ediciones de la Revista Amo la Educación en el Hogar, siendo una de las principales. Como la revista se toma una pausa indefinida, retomamos las publicaciones de esta sección nuevamente en el blog.


Nombre:  Cristine Sugeil Heredia Pérez 


Natural de: Nací y crecí en Utuado, Puerto Rico y en esta ciudad entre montañas conocí al amor de mi vida y formamos nuestro hogar, que es también escuela y Terruño de Esperanza.


Profesión o a qué te dedicas:

Solía decir que soy ama de casa porque es lo que aprendí en el mundo laboral y, en efecto, administrar lo que mi esposo provee es una de mis principales tareas. Pero ser madre homeschooler es lo que mejor describe mi quehacer diario. Cada día, en estos momentos de mi vida, gira en torno a esto y a todas las tareas que realizo en los ambientes de hogar, educativos y parroquiales en los que nos desenvolvemos.


Hijos:

Mi esposo y yo hemos tenido la dicha y bendición de concebir y criar cuatro maravillosos hijos: Karina Cecilia (18), Elena Sofía (14), Ana Victoria (11) y Mateo Gesé (8). Cada uno con su forma única de ser y actuar, de aprender y comunicar hace que nuestra vida familiar esté llena de alegrías y satisfacciones, de retos y esperanzas. Por ellos queremos ser mejores cada día y con ellos queremos llegar al cielo.


¿Qué te motivó a educar a tus hijos en casa?

Cuando nuestra primera hija tenía tres años empezamos a pensar en escuela. Queríamos un ambiente donde disfrutara aprender, que velara no solo por una buena formación académica, sino que también fuera respetuoso y seguro, donde pudiera desarrollar sus dones y su carácter se nutriera en las virtudes y valores católicos en los que creemos. Las alternativas que parecían mejor estaban distantes y fuera de nuestro presupuesto.



Al conocer una familia católica homeschooler y comprender lo que hacían, sentimos que Dios nos llamaba a eso. Empezamos a buscar información, leer blogs, identificar recursos y trabajar las destrezas de preescolar en casa. Para cuando alcanzó la edad en que legalmente debíamos decidir si matricularla o no, ya la decisión estaba tomada.  Hoy día nuestra hija mayor ya es universitaria y continuamos en este camino. Es cierto que muchas veces hemos sentido dudas y no siempre nos ha ido bien, pero al reflexionar y re evaluarlo todo, en oración y desde el amor, responder a ese llamado es lo que nos da paz.


Lo que nos motiva a mantenernos en esta decisión es la oportunidad de verlos crecer de cerca, compartir experiencias en familia en entornos nutricios, escogidos con cuidado, que suplen sus necesidades específicas, según el estilo y el ritmo en que cada uno aprende mejor; en un ambiente donde fe y razón no se distancian ni se contradicen, sino que se complementan y enriquecen mutuamente.


¿Qué has aprendido como educadora y mamá durante este tiempo educando en casa?

Reconozco que educar en casa me sobrepasa, no puedo hacerlo por mi cuenta sino con la gracia. Su éxito no depende de mí sino de mi capacidad de dejarme guiar por quien me llamó. Cuando estoy en sintonía con Dios y con su querer las cosas suceden en armonía y la paz se siente. Cuando actúo desde mi querer, mis perfeccionismos humanos me sabotean, pierdo el rumbo y la alegría.


He aprendido que la clave está en el amor, cuando lo hago desde ahí, todo cobra sentido, aunque tantas veces no entienda. Me confirmo una y otra vez que sus vidas no me pertenecen y que no es mi voluntad la que debe hacerse en ellos. Ser mamá y educadora requiere poner en práctica mi capacidad de gestar y cuidar la vida, guiar y acompañar los procesos… preparar el terreno, abonar y dejar crecer…la semilla que Dios puso en su interior habrá de dar los frutos según la misión que les fue confiada.



He aprendido que no tengo que saberlo todo y no tengo que enseñar todas las materias. Mi labor consiste en discernir y escoger los recursos que mejor respondan a su necesidad, tomando en cuenta mi realidad como madre educadora y la realidad de nuestra familia. Es aquí donde la red de apoyo es tan esencial, el encuentro e intercambio con otras familias que valoran este estilo de vida y ayudan a proveer lo que a mí me falta.


He aprendido que la mayor riqueza está en lo sencillo, vivido a conciencia y con profundidad.


¿Cuáles son tus metas personales y familiares?

En lo personal quiero ir más despacio para disfrutar el camino. Quiero estar presente y consciente, quizás en menos compromisos, pero vividos con mayor profundidad, sin dejarme arrastrar por el torbellino del corre y corre que nos roba la paz. Quiero crecer en sabiduría y gracia para vivir a imagen de María Madre, que desde la humildad y el silencio hace lo que Él nos diga. También anhelo tener un algún día un bonito jardín y una pequeña biblioteca 😊


En lo familiar, anhelo que la Eucaristía sea siempre el centro de nuestras vidas. Que nuestro hogar, Terruño de Esperanza, tenga atmósfera de paraíso, donde vivamos momentos de cielo y sea puerto seguro donde nuestros hijos quieran siempre regresar.


Soy bendecida porque… soy amada. Porque tengo esposo, hijos, hogar, familia y amigos. Porque Dios puso su mirada sobre mí y me regaló su confianza. Porque en mi vientre quiso formar vida y con su gracia me ayuda a custodiarla. Porque me permite vivir en una tierra donde podemos practicar la fe y educar en el hogar.


Amo ser mamá pues… saca lo mejor de mí; me encanta verlos descubrir, construirse y no puedo dejar de asombrarme; me hace reconocer lo pequeña que soy y me impulsa buscar nuevas maneras de decir y hacer las cosas, a mirar cada día con esperanza; porque cada suspiro de cansancio, miedo o frustración puedo elevarlo en oración para que sea transformado en bendición. Porque me encanta abrazarlos y que me abracen y por ellos comprendo un poquito más el amor de mi Padre Dios.


Agradezco a… Dios por cada día vivido, por Su gracia y Su bondad, Su providencia y misericordia, jamás merecida pero siempre incondicional; por los padres que me formaron y alimentaron mi fe; por el hombre que junto a mí quiso formar un hogar y que con amor y paciencia apoya, custodia y provee; por los hijos que nos ha confiado y que cada día me mueven a amar más y mejor; por los hermanos y amigos que en la cercanía y en la distancia son luz en el camino; por Su Madre que es mi modelo de mujer, esposa y madre, por Sus promesas y Su fidelidad.



Agradezco a Dios por cada día vivido, por Su gracia y Su bondad, Su providencia y misericordia [...].


Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación

No te pierdas nuestro contenido y novedades. 

Suscríbete y recibe en tu correo lo más reciente de Mamá Educa.

¡Gracias por suscribirte!

©2025 por Mamá Educa | Educación en el hogar, familia y fe

Política de privacidad

Sobre Mamá Educa

Contacto

bottom of page