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La vida es don de Dios


La vida es don de Dios: regalo de quien nos amó hasta la existencia. Durante los días 22 al 24 de enero pudimos participar de varias actividades relacionadas a la defensa de la vida en Washington D.C., defendiendo al inocente, al que no tiene voz y al que no puede defenderse por sí mismo. Participamos de misas multitudinarias con una cantidad increíble de obispos, incluyendo al Nuncio para Estados Unidos, sacerdotes, seminaristas, religiosas y laicos.


También participamos de una Convención de Students for Life, charlas, debates, entrevista para EWTN, un festival organizado por las religiosas por la vida Sisters of Life y Caballeros de Colón, para celebrar y agradecer la vida con música, adoración al Santísimo y la Eucaristía. Y por supuesto la Marcha Nacional Por la Vida.


¿Qué me llevo de esta experiencia? La gran alegría de ver a mi iglesia de pie, unida luchando y defendiendo a Cristo, al prójimo, defendiendo la vida. No hay palabras para explicar la emoción de ver miles de católicos en acción de tantas diferentes maneras, pero todos unidos en una sola voz, como un solo cuerpo: como el cuerpo místico de Jesús.



El obispo auxiliar de New York, Joseph Armando Espaillat, estuvo a cargo de la homilía durante el Life Fest, siendo esta la homilía más contundente para cualquier católico sobre la verdad de la vida desde Jesús, la iglesia y el magisterio. Una de las referencias que usó para su homilía fue la Constitución Pastoral Gaudium Et Spes #27, referente al respeto a la persona humana, donde se listan acciones que atentan contra la vida y dignidad de la persona. Se mencionan todas las formas en las que debemos defender la vida en todo modo y circunstancias sin condiciones ni predilección. No en esta situación sí defiendo la vida, pero en esta otra no. No hay grises; solo blanco y negro y Dios nos llama a caminar en la verdad con firmeza, fortaleza y convicción.


Solo hay una verdad que es Jesucristo, no es mi criterio, mi parecer, ni mi opinión, es la verdad de Dios que nos ama. Que nos creó por amor; que murió por nosotros por amor; que nos regaló la vida y nadie tiene derecho de quitarla de ninguna forma: ni en el vientre materno: «Antes de formarte en el vientre, te conocía. Antes de que nacieras, te consagré» (Jeremías 1,5); como tampoco en el lecho de enfermedad para evitar el dolor, ni en la vejez, ni de ninguna manera.

El aborto es asesinato; la eutanasia es asesinato. «No matarás» (Éxodo 20:13;Mt 5,21) nos dice Dios. No dejemos de orar y ofrecer por el fin de esta horrible masacre de inocentes. Pidamos la conversión de los abortistas, por cada mujer embarazada, por la pureza de los jóvenes, por matrimonios santos, por santos y valientes sacerdotes según el corazón de Cristo, por laicos fieles y comprometidos. Agarrémonos de nuestra madre María, y no seamos indiferentes porque al no hacer nada, también estamos decidiendo y nos volvemos cómplices.

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